Cómo organizar tu novela o libro en capítulosMuchos de vosotros me habéis preguntado varias veces cómo organizar una novela o un libro en capítulos. Cuando recibo e-mails de este tipo, mi primera respuesta es pensar “Lo que exija la historia, ¿no?“, ya que debo confesar que nunca le he dado demasiadas vueltas al asunto, ha sido algo que he hecho de manera natural.

Sin embargo, al ser una cuestión recurrente he querido fijarme en la manera en la que yo misma organizo mis novelas e intentar sacar unas conclusiones o consejos.

¡Y éste es el resultado! Espero que os sirva de ayuda:

Cómo organizar tu novela o libro en capítulos

1. Divide la trama en capítulos.

Es decir, fíjate como objetivo que cada uno de tus capítulos cuente algo, que tenga un objetivo o propósito dentro de la historia. De esta manera, te será muy fácil saber cuándo terminar un capítulo.

Se trata de organizar la trama teniendo los capítulos siempre en mente. Un ejemplo de ello sería esto:

Capítulo 1: Los protagonistas llegan a un nuevo país.

Capítulo 2: Hay un altercado y el niño pequeño se pierde.

Capítulo 3: Comienza la búsqueda del niño.

(…)

Así, cuando la pequeña subtrama haya finalizado, sabrás que ha llegado el momento de terminar el capítulo. También puedes dividir cada capítulo en pequeñas escenas que tengan también su propósito o subtrama particular.

Por ejemplo, una escena puede servir para mostrar cómo es la personalidad de la madre, otra escena la del padre… pueden parecer escenas de pequeña importancia, pero al tener un propósito cobran relevancia dentro de la historia.

2. Termina cada capítulo con un pequeño “cliffhanger”.

Podríamos traducir “cliffhanger” como el “borde de un precipicio” y se utiliza esta expresión, sobre todo, en las series de televisión.

¿Recuerdas alguna vez que el final del capítulo de una serie te haya dejado con una intriga enorme y con ganas de más? Eso suelen ser los cliffhangers, recursos que intentan engancharte para ver la próxima entrega.

Ejemplos en el capítulo de un libro:

Y, de repente, escuchó cómo una voz le llamaba a lo lejos. ¿Sería ella?“.

Un poco drástico, ¿verdad? No podemos terminar todos los capítulos así porque volveríamos a nuestros lectores locos, pero sí que podemos dejar pinceladas de misterios que hagan que quieran leer el siguiente.

Ejemplos de la literatura:

Antes de levantarme de la cama por la mañana, vino corriendo la pequeña Adèle para decirme que el gran castaño del fondo del huerto había sido partido por un rayo durante la noche y que la mitad se había caído“. – Final del capítulo 8 de “Jane Eyre” (Charlotte Brontë).

El reloj de la torre dio las doce“. – Final del capítulo 12 de “La historia interminable” (Michael Ende).

Y entonces reparé en toda la seda maravillosa que envolvía mi cuerpo y tuve la sensación de que podía ahogarme en tanta belleza. En ese momento la belleza me sorprendió como una especie de dolorosa melancolía“. – Final del capítulo 15 de “Memorias de una Geisha” (Arthur Golden).

Estos ejemplos los he extraído al sacar libros al azar de mi biblioteca y abrir cada uno de ellos por el final de un capítulo al azar, con el objetivo de buscar ejemplos habituales. Es decir, para demostrar que el final de cada capítulo en general suele tener un pequeño cliffhanger.

En el primer caso está claro, ha ocurrido un incidente y el lector se queda con ganas de saber qué pasará. El segundo ejemplo, sin embargo, es más sutil. El reloj ha dado las doce, y con esa afirmación también se crea un aura de misterio, ¿qué ocurrirá entonces?

El tercer ejemplo es quizás uno de los más frecuentes en la literatura moderna. Se trata de una revelación que tiene la protagonista. Como podéis observar, no tenemos por qué dejar sin aliento al lector, pero este tipo de pequeñas revelaciones suelen ser un recurso habitual también.

3. Elige la extensión.

Ésta suele ser una de las preguntas que más me hacéis en lo referente a los capítulos. “¿Cuánto debe ocupar cada uno de mis capítulos?“, “Me salen los capítulos muy cortos, ¿es ése un problema?“.

Mi opinión personal es que la extensión de cada capítulo es lo de menos, lo importante es que cumpla su objetivo y transmita lo que el escritor tenía en mente.

Sin embargo, también puede servir como un recurso más de nuestra novela. Por ejemplo, si queremos escribir una historia ágil, que se lea en una tarde y que enganche, quizás queramos escribir capítulos cortos.

4. Lee mucho.

Puede parecer un tópico, pero es el mejor consejo que puedo dar. Lee mucho y fíjate en cómo organizan la historia otros libros de tu género.

¡No dejes de escribir! Poco a poco estas cuestiones ya no te importarán, ya que las habrás interiorizado 😉

Y vosotros, ¿qué aconsejáis a la hora de organizar una novela en capítulos?

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